SDEROT, BLANCO EN ISRAELÍ DE LOS MISILES KASSAM

JORGE HORACIO GENTILE (*)

Mientras en Annopolis, Maryland (EEUU), en noviembre pasado, el presidente George W. Bush reunía a representantes de 50 países (Argentina no asistió) para tratar los problemas que impiden la paz en Medio Oriente -el territorio más conflictivo del mundo-, con una delegación de la Fundación Universitaria del Río de la Plata de 37 argentinos -6 eramos de Córdoba-, pudimos conocer la “Tierra prometida”, escenario en el que se sucedieron los hechos más importantes de la historia de la humanidad.

Desde 1948 en este lugar está Estado de Israel; creado luego de la partición decidida por las Naciones Unidas (rechazada por los palestinos), cuando sólo había 600 mil judíos; que no se dictó aún su Constitución; pero sus leyes fundamentales disponen que su Capital es Jerusalem (lo que tampoco aceptan los palestinos); en donde se contruyó un moderno Centro Cívico, que visitamos, en el que se encuentra: la Knesset, un parlamento de 120 diputados donde ningún partido tiene mayoría; la Corte Suprema, presidida desde 2006 por una mujer, Dorit Bedinis; las oficinas del Presidente, Shimon Peres; las del primer ministro, Ehud Olmert, y de los demás ministerios. Hoy Israel cuenta con 7 millones de habitantes, de los que un millón y medio son árabes, 19 mil drusos y hay 80 mil argentinos. El servicio militar es obligatorio para varones y mujeres, desde los 18 a los 21años, por lo que es común y corriente ver en la calle jóvenes con la ametralladora colgada del hombro.

Fue grato, en 15 días, recorrer en su territorio (poco menor a la provincia de Tucumán) las ciudades Jerusalem, Belén, Nazareth, Jericó, Tiberia, Tel-Aviv, Jaffa, Haifa, San Juan de Acre, Ramallah, Capenahum, Naariya, y la drusa de Majdal Shams; lo territorios de Judea, Galilea y los altos del Golán, en la frontera con Siria y el Líbano; subir a la fortaleza de Masada; y recorrer el desierto de Nevev, a donde se encuentra Gaza; visitar los kibutz Ein Hashloshá y Magal -a donde se industrializa el riego por goteo-; además de bañarnos en el Mar Muerto, y conocer el río Jordán; escuchar exposiciones y dialogar con los patriarcas Ortodoxo y Latino, con políticos y legisladores judíos y palestinos, diplomáticos, profesores universitarios, periodistas, soldados, agentes del Mossad, empresarios y no pocos argentinos. Nuestro embajador, Atilio Molteni, nos informó acerca de las gestiones de paz en Medio Oriente. Fue muy simpático encontrar hinchas de equipos de fútbol argentinos, que lucían sus camisetas. Pero fue doloroso ver el cerco o “muro de aparthaid”, de más de 400 kilómetros, construido por Israel “para evitar el terrorismo”.

Me conmoví, en Nazareth, cuando Fray Ricardo Bustos –un franciscano oriundo de Río Tercero- nos mostró en el atrio de la Basílica de la Anunciación- un imponente fresco de Raúl Soldi referido al Anuncio que el Ángel Gabriel (mi hijo se llama Gabriel) le hizo a María, con la figura de la Virgen de Luján, de que sería la Madre de Dios. 

Pero lo más impresionante, fue compartir las actividades escolares, en Sderot, con una veintena de chicos de un jardín de infante y sus maestras, mientras en el patio del colegio una gran estructura de cemento armado nos esperaba, como refugio antiaéreo, si sonaba la alarma que anunciara, que en pocos segundos, podría impactar un misil Kassam (lo que por suerte no ocurrió), que diariamente disparan los terroristas de laJihad islámica, socios de Hamas, desde puestos móviles ubicados a 2 kilómetros, en la vecina franja de Gaza, casi en la frontera con Egipto.

Sderot es una ciudad de Israel, de 26.000 habitantes, que está erigida sobre las ruinas de la aldea palestina de Najd, cuyos 620 pobladores fueron expulsados por el ejército israelí en 1948, cuando se creó el Estado judío. Se fundó en 1953 como campamento transitorio para inmigrantes venidos de Kurdistán y de Irán. En los años siguientes el poblado absorbió inmigrantes judíos de Marruecos y de Rumania, enviados a poblar las zonas fronterizas conquistadas en la guerra de 1948. En la década de 1990 llegaron más de 10 mil inmigrantes de la ex Unión Soviética y de Etiopía. En 1996 Sderot fue declarada ciudad y en los últimos años es el blanco permanente de los ataques con cohetes Kassam, de fabricación casera, que consisten en un caño metálico de un metro de largo, con espoletas que en su interior contiene explosivos (mil impactaron durante 2007).

Hamas es un partido palestino fundado en 1987, que no acepta que Israel ocupe “tierra santa”, “desde el río Jordán hasta el mar”, ya que la misma “es un fideicomiso dado por Mahoma a los musulmanes, lo que impide la cesión de todo o parte”; y es opositor a Mahmoud Abbas, sucesor a Yasser Arafat en la jefatura de la Autoridad Nacional Palestina, con sede en Ramallah, y en el liderazgo del partido Al-Fatah. En enero de 2006 Hamas ganó las elecciones al Consejo Legislativo, obteniendo 74 de los 132 escaños, y, desde junio del 2007, domina la franja de Gaza, un área de 48 por 8 kilómetros adonde viven un millón y medio de personas.

En los últimos días, este zona fue centro de la atención mundial, por el bloqueo dispuesto por el ejército israelí como réplica a los misiles, lo que hizo que miles de palestinos; faltos de alimentos, energía y combustibles; derrumbaran, en Rafah, el muro de hormigón que los separa de Egipto, y cruzaron a ese país para abastecerse.

Estos incidentes ponen en duda lo acordado en Annapolis, de que durante este año -último de la debilitada presidencia de Bush- se creará el Estado Palestino, y se negociarán los temas más controvertidos, que son: la ciudad de Jerusalem, las fronteras, los refugiados palestinos, los asentamientos judíos y la administración del agua, escasa en la región. La violencia latente por la oposición de Hamas y, desde el Líbano, de Hezbollah, apoyados por Irán, serán los obstáculos más difíciles de remover.

Esperemos que los esfuerzos, tantas veces frustrados, para lograr la paz en “Tierra Santa” tengan este año buenos resultados, desde todos los credos roguemosle a Dios para que así sea.   

Córdoba, enero de 2008

(*) Es profesor de Derecho Constitucional de las Universidades Nacional y Católica de Córdoba y fue diputado de la Nación.