LA AUDACIA DE LA ESPERANZA

JORGE HORACIO GENTILE (*)

El título de esta nota es el del libro que acaba de publicar del senador BarackHussein Obama Jr. (nacido hace 46 años en Honolulu, Hawai), que resume su prédica con la que se presenta como aspirante a la presidencia de los Estados Unidos de América, y que le ha permitido vencer en Iowa a la favorita Hillary Rodhan Clinton, en las primeras elecciones primaria del Partido Demócrata.

Este negro, que aspira a ser el primero en llegar a la Casa Blanca, es hijo de Barack Obama Sr., economista de Kenia formado en la Universidad de Harvard, y que se separó de su madre blanca originaria de Kansas, Shirley Ana Dunham, cuando tenía dos años. Al cumplir los seis años con su madre, que se volvió a casar con un estudiante de Indonesia que conoció en Hawai, se fue a vivir junto a Yakarta, a donde nació su hermanastra. En 1971 preocupada, por la educación de su hijo y anticipándose al distanciamiento con su padrastro, lo mandó a vivir con sus abuelos a Hawai, a donde arribaría su madre y su hermana un año después. Terminada su educación media, Obama estudió dos años en Occidental College de Los Angeles antes de pasar a la Universidad de Columbia, en Nueva York, a donde estudió Ciencias Políticas, con especialización en Relaciones Internacionales.

Luego se graduó con magna cum laude de abogado en Harvard, al igual que su esposa, Michelle Robinson, también afroamericana, tres años menor que él, a quién conoció en 1988 en Chicago, cuando ambos trabajaban en el bufete de abogados Sidley & Austin. De ese matrimonio nacerán dos hijas: Malia y Sasha. Obana fue profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Chicago y se ocupó también de tareas comunitarias en los barrios de dicha populosa ciudad, lo que lo llevará a incursionar en política, ocupando en 1996 una banca en el Senado del Estado de Illinois.

En la campaña electoral que lo llevó a ese cargo, su oponente Alan Keyes, lo acusó de poseer una negritud insuficiente porque no era descendiente de esclavos. No es propiamente un líder negro; como lo fue Martin Luther King o Angela Davis –la primera mujer que se postuló a nivel nacional-, aunque tiene el apoyo de líderes de esa minoría, como el pastor Jesse Jackson; ya que su mensaje no apela a su condición racial y ha calado hondo también en latinos y blancos, especialmente en los jovenes que sueñan con “restaurar el sueño americano”.  Este perfil de su liderazgo es muy importante atento que en los estados de Texas, California, Nueva México y en el Distrito de Columbia, las minorías son mayoría, y que en otros doce estados tienen más de un tercio de ciudadanos latinos, negros o asiáticos. Los latinos, que ya han superado a los negros, son 42 millones y se calcula que en 2050 el país de norte dejará de tener población mayoritamente blanca.

Si bien no heredó de su familia una tradición religiosa se bautizó en la Trinity United Chuch of Crist, una iglesia “desvergonsadamente negra y cristiana sin disculpas” de Chicago liderada por lo que la prensa suele definir como el “extravagante” reverendo Jeremiah A. Wright Jr., sin que ello le hayan despejado todas sus dudas de fe. En el Senado asiste con frecuencia a los actos que organiza el capellán de ese Cuerpo, el afroamericano Barry Black, como las oraciones en los desayunos de los miercoles, a donde concurren senadores de distintos credos y donde se leen y debaten algunos pasajes de las escrituras y se comparten experiencias religiosas personales. 

En su carrera política no todos fueron éxitos, ya que en el año 2000 perdió las elecciones para la Cámara de Representante y cuando se estaba reponiendo de esa derrota, el año siguiente, consultó a un asesor de imagen quien tenía sobre la mesa, a donde comieron juntos, un diario con un gran título que decía: Osama Bin Laden. El especialista le explicó que la similitud de su nombre con el que se instalaba en la opinión pública por los sucesos del 11 de setiembre le traería dificultades para volver a postularse, ya que se trataba de un hombre público conocido lo que no hacía conveniente cambiar su nombre ni reemplazarlo por un apodo. En las campañas electorales, además, se lo ha acusado de haber consumido drogas.

En julio de 2004 se hizo conocer a nivel nacional cuando pronunció el discurso central en la Convención Demócrata antes de las elecciones presidenciales, donde afirmó que:  “No hay una América negra y una América blanca y una América latina y una América asiática: sólo hay los Estados Unidos de América.” Con su llamado a tener valor y esperanza hizo levantarse de las sillas a los miembros del partido. Y ese mismo año consiguió saltar al Senado con dos tercios de los votos, convirtiéndose en el único negro que hay en ese Cuerpo, el quinto en la historia de esa Cámara, y el tercero después de la reconstrucción. En el Senado hoy, también, hay tres latinos y dos asiáticos.

Quizás lo que más entusiasma de Obama es su oposición a la invasión de Irak y a la “guerra preventiva” expresada en un recordado discurso en 2002, ante dos mil personas en Chicago, donde dijo que no podía apoyar “una guerra idiota, una guerra apresurada, una guerra basada no en la razón sino en la pasión, no en los principios sino en la política.” Su reclamo de retirarse cuanto antes de Irak tiene una coherencia que otros candidatos hoy no pueden exhibir.

Es imposible precedir como terminará este largo camino que todavía falta recorrer para saber quién será el próximo presidente del país más poderoso de la tierra, pero no hay dudas que ha nacido un nuevo liderazgo, que intenta volver a los viejos ideales y que pretende abrir, especialmente entre los más jovenes, nuevas esperanzas para un futuro que todos desean que sea mejor.

Córdoba, enero de 2008. 

(*) Es profesor de Derecho Constitucional de las Universidades Nacional y Católica de Córdoba y fue diputado de la Nación.