La idea de nación fue muy importante en el siglo XIX para la formación de los países que conformaron el mapa de Europa y América. Pero, en la primera parte del siglo XX, el exagerado sentimiento nacional, se transformó en nacionalismo, del que se valieron líderes como Adolf Hitler, Joseph Stalin, Benito Mussolini, Francisco Franco y Antonio de Oliveira Zalazar en Europa, y los dictadores que azotaron Latinoamérica, que nos llevaron a olvidar la dignidad de la persona humana, a guerras, a holocaustos y a arrojar bombas atómicas.

El siglo XXI, junto a las grandes y sorprendentes innovaciones que nos muestra, para bien y para mal, nos encontramos con el renacer de los nacionalismos, con extraños líderes, algunos outsider, que con un sesgo populista y autoritario, cuestionan la globalización, la inmigración, la inseguridad, la corrupción y la política tradicional, y pretenden atrapar, en las frontera de sus países, al bien de su nación, olvidando el bien común de toda la humanidad.

Donald Trump triunfó en EEUU con el lema “primero América”, prometiendo construir un muro en la frontera con México para frenar la inmigración. En el Reino Unido se votó el Brexit, para separarse de la Unión Europea. En Italia ganó las elecciones una alianza de dos partidos nacionalistas, uno de derecha, “La Liga”, del norte, que combate la inmigración, liderada por Matteo Salvini; y el “Movimiento 5 estrellas”, del sur, de centro izquierda, fundado por el cómico Beppe Grillo, y ahora liderado por Luiggi Di Maggio, que propuso abonar una “renta ciudadana”. Los separatismos son otra vertiente nacionalista, como el catalán, que compromete la unidad española.

Viktor Orbán, primer ministro de Hungría, cerró las fronteras a los inmigrantes. Algo parecido a lo que postulan el “Movimiento Nacional” de Marine Le Pen, en Francia, y “Alternativa para Alemania”, que lidera Frank Magnitz.

Por otro lado, el presidente de China, Xi Jinping, secretario del partido comunista, gradualmente va sustituyendo al marxismo por un nacionalismo capitalista y totalitario. Y Vladimir Putin, un ex agente de la KGB, convertido hoy en líder nacionalista, reivindica el

pasado de Rusia desde los Zares, el triunfo de Stalin en la 2ª. Guerra Mundial y revaloriza la Iglesia Ortodoxa, como partes esenciales del nacionalismo de esta potencia euro-asiática.

En América Latina tenemos a Nicolas Maduro en Venezuela, Daniel Ortega en Nicaragua y Evo Morales en Bolivia, nacionalistas-populistas de izquierda. Jair Bolsonaro, populista de derecha en Brasil, y al nuevo presidente del El Salvador, Nayib Bukele, un outsider de 38 años de edad, que acaba de derrotar a los dos partidos tradicionales de izquierda y de derecha.

En la 2da. década de este siglo, las redes sociales pasaron a ser un vehículo para la segmentación social, racial, religiosa, nacional, regional, etc. Se refuerzan las afinidades entre quienes piensan igual, y se reducen el intercambio con quienes piensan de otra.

El resurgimiento y revalorización del nacionalismo es también una respuesta a la “híper-globalización”, que se impuso en la últimas décadas, en la cual con Internet, las plataformas digitales, la inteligencia artificial y las redes sociales, se pensaba que se iban a universalizar la economía, la política, la cultura y debilitar las fronteras físicas y espirituales.

El exceso de nacionalismo, en las grandes potencias, así como el avance del proteccionismo económico, moldea un mundo más inestable y, en consecuencia, más peligroso para los países medianos y pequeños. Al mismo tiempo, acentúa y escala la concentración de la riqueza, los conflictos migratorios, raciales y de minorías, radicalizando y agrietando los discursos políticos y electorales.

La reivindicación del “Estado Nación”, una categoría en declinación frente al fenómeno de la globalización -según algunos teóricos de finales del siglo pasado-, se esconde una nueva generación de políticos, que con postulados autoritarios y discriminatorios, pretenden revertir los procesos de integración, y contaminar la democracia con postulados populistas. El recuerdo de los desastres que causaron los nacionalismos en la primera mitad del siglo anterior, nos tiene que llamar a la reflexión, para que no tengamos que lamentar de nuevo tiranías, guerras y millones de muertos como los que todavía recordamos con dolor.

Contener a los nacionalismos, quizás sea hoy una prioridad global.

Córdoba, mayo de 2019.